martes, 29 de mayo de 2012

Materialidad.


El mundo digital es un mundo creado para las maquinas. Esta idea no es nueva, toda persona que haya visto la saga de Terminador, o la posterior de Matrix, comprenderá perfectamente la visión apocalíptica que de este hecho hacen las imaginaciones de los directores de cine.

Lo digital no es más que codificación. Es generar códigos binarios de elementos de la naturaleza. La transformación en unos y ceros del mundo analógico que nos rodea tiene una única función. Esta función está marcada por la necesidad de comunicarnos con las maquinas, y su único objetivo ha sido, y es, entablar un lenguaje que permita indicarle a las distintas maquinas que hagan lo que nosotros queremos.

En el mundo industrial y de producción este hecho está muy claro, los técnicos han pasado de manipular piezas, engranajes, químicos o herramientas, a manipular ordenadores para que estos les digan a los distintos tipos de robots lo que tienen que hacer. La idea era que el trabajo fuera más preciso y menos pesado –no tengo del todo claro que lo hayamos conseguido-.

En la cadena de la imagen digital la escena fotografiada, que en la realidad está formada por matices, degradados, volúmenes y texturas, al pasar al mundo digital es cortada en trocitos, delimitada por franjas de información -que llamamos píxeles-. Cuanto más pequeños son esos trocitos, más precisa es la codificación de los matices, o por lo menos esa es la idea.

Con la cámara conseguimos crear códigos binarios en forma de mapas de bits que nuestros monitores y pantallas “pintan” para que podamos procesar, ajustar, y retocar, en base a ese código que representa la escena. Posteriormente, dicho código es interpretado por otra maquina, la impresora, que deposita pequeños puntitos de tinta según se lo ordene el código que forma la imagen a imprimir. 

Estos argumentos son una forma de ilustrar la realidad del mundo digital en la que vivimos. Sin embargo, las personas siguimos necesitando generar elementos tangibles y materiales. Por ejemplo, nos puede gustar escuchar música en un mp3, pero dónde va a parar un concierto en directo.

Como ya sabemos, las imágenes digitales pueden tomar muchas formas materiales con ayuda de la imaginación, la precisión técnica, y el control de las máquinas. Uno de estos ejemplo pueden ser lo que Clorofila Digital ha venido a llamar impresiones “Diblock”.

Vista completa de una imagen impresa en Diblock.


Es una forma muy elegante de imprimir, montar y presentar las imágenes generadas a través de un ordenador. Consiste en la impresión directa sobre cristal a “cara espejo” -la imagen es invertida de izquierda a derecha-. El cristal se gira y la imagen queda hacia dentro, entonces se une mediante alta presión sobre una plancha de DM lacado. El acabado se realiza con el canteado y el fresado para pulir los bordes.

Muestra del perfilado del cristal y el canteado del soporte.


Este es uno de los múltiples ejemplos de la materialidad que se le puede dar al código binario de una imagen. Al igual que una melodía puede ser interpretada con una guitarra, un piano, un acordeón, o una orquesta completa, el mapa de bits que forma una imagen puede ser interpretado, esto es, transformado en un objeto material, articulando distintos sistemas de impresión, montaje y acabado, que le aportarán sutilezas y matices propios.










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